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Historia del idioma japonés. Orígenes, evolución.
Historia, orígenes y evolución de la lengua japonesa





Historia del idioma japonés
1-. INTRODUCCIÓN

Lengua japonesa, lengua aglutinante que hablan más de 120 millones de personas que viven en Japón, Hawai, Estados Unidos y América del Sur, sobre todo en Brasil, además de los chinos y coreanos que vivieron en la época de la ocupación japonesa, durante la primera mitad del siglo XX.

No se ha establecido relación entre el japonés y otras lenguas. Parece que existen ciertas similitudes estructurales que la relacionan con el coreano y las lenguas altaicas, que incluyen el manchú, el mongol y el turco. Sin embargo, esta teoría parece poco probable, dado que no existen similitudes en el léxico, aunque sí con las lenguas del este de Asia, como las tibetano-birmanas y las austroasiáticas. La lengua que se habla en las islas Riu Kiu, el luchuánico, se parece bastante al japonés, por lo que se considera que la primera es un dialecto.

El japonés, comparado con las lenguas indoeuropeas, se caracteriza por su enorme capacidad polisémica. Esto es evidente en las impresiones visuales. Por ejemplo, la palabra japonesa aoi significa, azul, verde, pálido o mortecino y cambia de sentido según el lugar que ocupa en la oración. El idioma resulta minuciosamente exacto, en cambio, en lo que se refiere a las impresiones acústicas y táctiles. Contiene numerosas onomatopeyas y varias palabras diferentes para designar matices acústicos o táctiles muy sutiles. Por ejemplo, distingue con palabras diferentes el ruido de las patas de un animal y el ruido de las pisadas sobre un suelo de madera, y además existen muchas palabras para nombrar el ruido de la lluvia según caiga en sitios de distinta naturaleza.


2-. LÉXICO


En sus orígenes era muy limitado. Sin embargo, a principios del siglo III entraron muchas palabras chinas en el idioma. En la actualidad es mayor el número de palabras procedentes del chino que las de origen exclusivamente japonés. Las de procedencia china desempeñan en japonés una función análoga a los helenismos que tiene el español. Cuando el japonés las adoptó, conservó un patrón fonético parecido al chino pero, al incorporarse a la lengua japonesa, pasaron a tener su propia pronunciación. Los caracteres chinos han influido de forma decisiva en la formación del japonés escrito, lo que naturalmente tiene consecuencias en el hablado. Cada signo suele admitir dos o más lecturas que se asocian y alternan en cada caso para formar distintas palabras. Durante los últimos cien años, el japonés ha recibido muchos préstamos de léxicos de las lenguas europeas, la mayoría del inglés. Este proceso se ha visto especialmente acelerado a partir del fin de la II Guerra Mundial.


3-. FONOLOGÍA

El sistema fonológico es bastante sencillo. Consta de cinco vocales que, escritas en caracteres romanos, son a, i, u, e, o y se pronuncian de forma parecida a la del español; tiene 19 consonantes que se corresponden con k, s, sh, t, ch, ts, n, h, f, m, y, r, w, g, z, j, d, b, y p. La r se emite golpeando el interior de la boca con la punta de la lengua. En el interior de una palabra la g se nasaliza y suena de forma parecida al grupo ng como en la palabra tango. Este rasgo es característico del habla culta de Tokio. En el caso de la f, es distinta a la del español porque no se produce el contacto labiodental y muchos hablantes la pronuncian muy parecida a la h cuando es una aspiración sorda. Todos los fonemas pueden ser largos o breves. Determinadas sílabas se destacan en función del tono o de la altura debida al timbre, pero no puede decirse que se trate de una lengua que posea el acento de intensidad.


4-. GRAMÁTICA

El orden que siguen las palabras en la oración es sujeto, objeto, verbo; los modificadores preceden al término que modifican. La oración “Naomi usa ordenador” se dice en japonés: Naomi-ga (Naomi) konpyuta (ordenador) tsukau (usa). Los verbos no tienen número ni persona, y no poseen el accidente de tiempo tal y como lo entienden las lenguas indoeuropeas. A pesar de carecer del tiempo futuro, en el verbo japonés se encuentran las llamadas marcas de perfectividad, que señalan si la acción está o no acabada. Existen tres conjugaciones con cinco formas básicas: la negativa, la condicional, la imperativa, la conclusiva, que indica acción acabada y la evolutiva, que indica la acción en su transcurso. Hay cuatro verbos irregulares muy empleados, incluido la cópula. Los nombres carecen de género y de número. Tampoco hay artículos y no tiene preposiciones, sino unas palabras que, colocadas detrás de los nombres, cumplen una función semejante: son las posposiciones, un reducido número de palabras que funcionan como las desinencias propias de caso de algunas lenguas indoeuropeas. Por ejemplo, la palabra no (de) en la frase mizu no oto, que literalmente se traduciría por 'agua de ruido', significa en realidad 'ruido de agua'. Existen muchos pronombres, aunque casi no se usan. Los auténticos adjetivos, como los verbos, son muy flexivos y en numerosas ocasiones funcionan como verbos, dado que incluyen la cópula y sus diferencias de flexión indican si el estado es presente, completo, durativo o inicial incoativo. Shiroi, por ejemplo, significa ‘es blanco´; shirokatta significa ‘fue blanco´. Algunos nombres se emplean para modificar a otros como si fueran adjetivos.

Seguramente el rasgo que distingue al japonés de otras lenguas sea el gran número de palabras, prefijos y sufijos que significan cortesía, condición honorífica o condición inferior. Sólo el coreano y el javanés contienen un número comparable de palabras que significan posición social. Aunque existen muchas variedades dialectales, el habla culta de Tokio se considera la norma activa.



5-. LENGUA ESCRITA

No existen datos que avalen la existencia de un sistema de escritura propio en el japonés antiguo. Hace 1500 años, los japoneses aprendieron a escribir, cuando chinos y coreanos les enseñaron el sistema chino con caracteres o ideogramas. Como este sistema, el kanji, representa cada palabra con un signo único, resultaba muy difícil emplear esos signos en una lengua tan flexiva. Durante un largo periodo utilizaron el método chino pero, a partir del siglo VIII, sólo usaron los caracteres chinos como signos fonéticos, donde cada signo representaba una sílaba. Un siglo después esos caracteres se habían abreviado y dieron lugar a la aparición de dos silabarios japoneses o kana, nombre que significa 'signo que representa una sílaba'. En ellos, llamados katakana e hiragana, cada sílaba se representaba por un símbolo que procedía de varios símbolos complejos chinos. En el silabario katakana, parte de un símbolo chino se usaba como símbolo fonético; en el hiragana, todo un símbolo se escribía en cursiva. De acuerdo con esta evolución, se usaron los kana para escribir japonés, pero poco a poco el sistema evolucionó y se usaron para representar lo que hiciera falta, y los kana, concretamente el hiragana, se emplearon para representar los elementos flexivos y las posposiciones. La escritura katakana sólo se empleaba para escribir japonés, aunque con el tiempo su uso se generalizó y sirvió para escribir las palabras que proceden de otras lenguas, los telegramas e incluso los documentos oficiales. Después de la II Guerra Mundial se redujo considerablemente el número de caracteres hasta llegar a 1850 (aumentados más tarde a 2000), lo que ha supuesto una considerable simplificación de la lengua escrita cotidianamente.


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